jueves, 9 de abril de 2026

CREACIÓN DE LA HISTORIA DE LA IRA

Como continuación del trabajo realizado en el proyecto eTwinning “Inside eTwinning”, queremos compartir la experiencia de uno de nuestros equipos internacionales: el equipo Blaze, formado por alumnado de 5ºB y 5ºC.

Nuestros alumnos han creado una historia de manera cooperativa, contando además con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial como Copilot y ChatGPT. Este proceso ha sido una excelente oportunidad para aprender no solo a utilizar la IA de forma responsable y adecuada, sino también para potenciar el trabajo en equipo y la creatividad.

A lo largo de la actividad, los estudiantes han inventado personajes, desarrollado un argumento y reflexionado sobre la emoción de la ira y sus consecuencias. Han podido comprender cómo esta emoción puede influir en nuestras acciones y en nuestras relaciones con los demás.

Uno de los aspectos más importantes del trabajo ha sido la búsqueda de formas pacíficas de resolver los conflictos. A través de la historia, los alumnos han puesto en práctica estrategias como el diálogo, la expresión de emociones, la validación de los sentimientos de los demás y la búsqueda de acuerdos y puntos en común.

Además, tras la creación de las diferentes historias por equipos, hemos llevado a cabo un proceso de coordinación y puesta en común que ha dado lugar a un cuento conjunto, integrando las aportaciones de todos los grupos participantes.

A continuación, compartimos el resultado final de este trabajo colaborativo:


La fiesta en la granja y el gran enfado


Una mañana en la granja, los animales tuvieron una idea.

—¡Hagamos una gran fiesta! —dijo Sergio el conejo.

—¡Sí! ¡Una gran fiesta para todos! —dijo Pepe el cerdo.

Sergio y Pepe empezaron a hablar mucho.

—Necesitamos música.

—¡Y comida!

—¡Y juegos!

Hablaban y hablaban sobre cómo organizarlo todo. Luisa la gallina y Angélica la pata estaban cerca. Eran un poco tímidas, pero querían ayudar.

—Quizá podríamos… —empezó Luisa.

Pero Sergio y Pepe seguían hablando.

—¡Haremos esto!

—¡Y también aquello!

Luisa y Angélica se quedaron calladas. Se sentían tristes porque también querían participar. Un poco ms tarde, Manolo el caballo llegó a la reunión. Llegaba tarde. Cuando vio que los demás ya estaban organizando la fiesta, se enfadó mucho.

—¿Habéis empezado sin mí? —gritó Manolo.

Su cara estaba roja.

—¡Eso no es justo! —gritó—. ¡Sois unos amigos horribles!

La ira salió de él en forma de gritos e insultos. Luisa intentó hablar con calma.

—Manolo, podemos explicarlo…

Pero Manolo estaba demasiado enfadado para escuchar. Empujó a Luisa y ella se cayó.

—¡Ay! —dijo Luisa. Se había hecho daño.

Sergio vio esto y también se enfadó mucho.

—¡No empujes a Luisa! —gritó.

Su ira explotó y empezó a dar puñetazos a Manolo. Ahora la granja estaba llena de ira, gritos, insultos y puñetazos. Angélica se asustó mucho.

—¡Pepe, necesitamos ayuda! —dijo.

Juntos fueron corriendo a buscar a Superama el granjero.

—¡Superama! ¡Ven rápido! —dijeron.

Superama corrió hacia los animales y detuvo la pelea.

—¡Alto! —dijo con firmeza.

Todos se quedaron quietos.

—Sergio. Manolo. Primero tenemos que calmarnos —dijo Superama.

—Respirad despacio. Dentro… y fuera.

Los animales respiraron lentamente.

Dentro…

y fuera…

Después de unos minutos, Sergio y Manolo empezaron a sentirse más tranquilos. Entonces Superama preguntó:

—¿Qué ha pasado aquí?

Todos empezaron a hablar. Manolo dijo:

—Me sentí enfadado porque empezasteis la fiesta sin mí. Me sentí excluido.

Luisa dijo suavemente:

—Angélica y yo también nos sentimos excluidas. Queríamos ayudar, pero nadie nos escuchó.

Superama asintió.

—La ira suele aparecer cuando nos sentimos heridos, excluidos o cuando algo nos parece injusto —dijo.

—Pero la ira no debe salir en forma de gritos, insultos o puñetazos. Eso hace daño a los demás.

Los animales miraron al suelo.

—¿Qué podemos hacer en su lugar? —preguntó Pepe.

Superama sonrió.

—Primero, podemos respirar y relajarnos cuando nos sintamos muy enfadados.

—Segundo, podemos hablar con calma y explicar lo que sentimos.

—Y si no podemos resolver el problema solos, debemos pedir ayuda a un adulto.

Los animales escucharon atentamente. Después, Superama les ayudó a hacer una lista de tareas para la fiesta.

—Luisa puede preparar la comida.

—Angélica puede decorar el estanque.

—Pepe puede traer la música.

—Sergio puede organizar los juegos.

—Manolo puede construir la gran mesa.

Ahora todos tenían una tarea importante.

—Hay una cosa más —dijo Superama—. Cuando hacemos daño a alguien, debemos pedir perdón.

Sergio y Manolo se miraron. Al principio, no querían. Pero después de un momento, Sergio dijo:

—Lo siento por haberte pegado.

Manolo dijo:

—Y yo siento haber gritado, insultado y empujado a Luisa.

Luisa sonrió. Angélica se sintió aliviada. Los animales se perdonaron. Pronto estaban todos trabajando juntos. Y cuando llegó el día de la fiesta, la granja se llenó de música, risas y amigos felices.


No hay comentarios:

Publicar un comentario